Relaciones familiares y sentimentales del adulto mayor-Pagina Ppal.
Dr. Carlos Alberto Cardeño Castro / Médico Psiquiatra / Hospital Universitario de San
Vicente Fundación
La tercera
edad no supone un pare en la vida de la persona, sino más bien un proceso
continuo de crecimiento en el que los mayores siguen ocupando un lugar en la
sociedad y desempeñando un nuevo rol.
El
equilibrio afectivo en esta etapa pasa por la aceptación de uno mismo, de los
fracasos y de los logros conseguidos. Es el momento de seguir planteándose
nuevas metas y nuevos intereses. Nunca debemos olvidar que mientras se vive se
conserva la capacidad para disfrutar de los placeres que la vida nos ofrece.
Siempre se
ha creído que cuando se envejece, hay una desconexión de la sociedad por la
ruptura de las relaciones sociales, por el cese de las funciones y por una
reducción de la exigencia productiva a la persona. La tercera edad así
planteada, puede percibirse como una pérdida, y esa ruptura en lo que respecta
a las relaciones sociales, está determinada por la conjunción de una serie de
factores tales como el alejamiento de las relaciones personales establecidas en
el trabajo (con la pérdida del rol laboral), la carencia afectiva percibida en
cuanto a la relación con los hijos (nido vacío), y la escasez en lo que se
refiere a las relaciones con parientes y amigos que se van dejando como
consecuencia de la distancia o la muerte. Así vista, la vejez implicaría una
transición negativa hacia la soledad y el desconcierto, pero nada más alejado
de la realidad, para su adecuada adaptación es necesario reestructurar muchas
rutinas diarias y reorientar pensamientos y comportamientos para una mejor
integración y socialización en la etapa que se está viviendo.
¿Qué pasa con el
matrimonio?
En la edad
avanzada también se valora el compañerismo y la expresión abierta de los
sentimientos, como también el respeto y los intereses comunes. La nueva
libertad llega en cuanto es posible apartarse de los roles de sostén de la
familia y de la crianza de los hijos, y se puede disfrutar de modo creciente de
la compañía del otro. Además, la capacidad de las personas casadas para manejar
los altibajos de la edad adulta tardía con relativa serenidad puede resultar de
su mutuo apoyo. Esto refleja tres beneficios importantes del matrimonio:
intimidad (sexual y emocional), interdependencia (compartir tareas y recursos),
y sentido de la pareja de pertenecer uno al otro.
El éxito de
un matrimonio en la edad adulta tardía puede depender de la capacidad de la
pareja para adaptarse a los cambios de personalidad de la edad, los cuales
con frecuencia llevan a hombres y mujeres en direcciones opuestas. Los
matrimonios de edad avanzada por lo general se ponen a prueba por las dolencias
de salud de uno de los cónyuges. Las personas que deben cuidar de su pareja
incapacitada pueden sentirse aisladas, enojadas y frustradas, sobre todo cuando
ellos mismos tienen precaria salud. Cuidar a un cónyuge que padece una
enfermedad crónica incapacitante, que exige de manera especial, puede dar como
resultado un sentido de pérdida. Tanto la personalidad como el desempeño
externo influyen en la manera como los responsables del cuidado pueden
adaptarse a las exigencias que se les presentan. Aquí es fundamental entender
que a pesar de esto es necesario no perder la identidad y actividades propias,
dedicar tiempo a uno mismo y distribuir tareas.
La familia
La familia
tiene también un papel muy importante, sobre todo en el ámbito de las
relaciones socioafectivas ya que es la más idónea para proporcionar
sentimientos de arraigo y seguridad, ofrecer sentimientos de capacidad,
utilidad, autoestima, confianza y apoyo social.
La vida de
la mayoría de los individuos de edad avanzada se enriquece por la presencia de
personas que cuidan de ellos y a quienes éstos sienten cercanos. La familia es
todavía la fuente primaria de apoyo emocional, y en la edad avanzada tiene sus
propias características especiales. Ante todo es probable que sea
multigeneracional. La mayoría de las familias de las personas de edad avanzada
incluyen por lo menos tres generaciones; muchas alcanzan cuatro o cinco. La
presencia de tantas personas es enriquecedora. La larga experiencia de afrontar
tensiones puede dar confianza a estas personas en el manejo de cualquier
situación que la vida ponga en su camino, y hacen que se conviertan en
referentes y brindadores de experiencias. Los abuelos cumplen una función de
continuidad y transmisión de tradiciones familiares, culturales y sociales.
Jubilación
Si durante
un gran porcentaje de nuestras vidas la mayor ocupación de nuestro tiempo es el
trabajo y por tanto es en él donde desarrollamos gran parte de nuestras
relaciones sociales, se hace necesaria una adecuada planificación de la
jubilación, no en el estricto sentido económico. Es importante realizar
actividades con las que realmente se sienta identificado y dónde
sobresalgan sus capacidades. Es el momento de disfrutar el tiempo libre. Mírelo
como una recompensa. Jubilarse y envejecer no justifica que nos retiremos de la
vida social sino que por el contrario, implica una forma diferente de
participación, indispensable para nuestro propio crecimiento y el de nuestra
familia.
Actividad y vida
social
Hacer cosas
que nos hagan sentirnos útiles, ayuda a vivir y es una forma también de
salud: la motivación de servir para algo o para alguien es un motor muy grande
para seguir adelante. La capacidad para hacer aprendizajes nuevos no está
determinada por la edad. La creatividad no disminuye con el paso del tiempo. La
persona mayor debe mantenerse físicamente activa, cuidar la alimentación,
mantener y desarrollar relaciones de amistad y, a la vez, sentirse querida y
respetada.
Con la edad, los individuos
regulan también mejor sus propias emociones cuando algo o alguien les enfada o
molesta. Asimismo, las personas mayores cuentan con otra ventaja: suelen tener
más opciones que las jóvenes de elegir con quiénes se relacionan porque
normalmente, ya no tienen que acudir a sitios de trabajo en los que las
relaciones interpersonales se imponen por razones ajenas al deseo personal. Por
último, las personas mayores cuidan y valoran más cada momento.
Sexualidad
La negación
de posibilidades en la tercera edad se debe a nuestros mitos y creencias
socioculturales, los cuales en ese sentido pueden causar mucho daño. Una de las
negaciones más importantes la constituye la sexualidad. Los seres humanos
nacemos y morimos con la misma sexualidad: lo único que acontece en esta etapa
de la vida son ciertos cambios en cuanto a sus objetivos y a la forma de
desarrollarla. Pero la capacidad de disfrutar de esa esfera de la vida
permanece intacta, ya que sexualidad no es sinónimo de acto sexual genital: es
toda la parte afectiva, emocional.
Con la
edad, es más frecuente una disminución de la sexualidad pero en términos de frecuencia
y vigor de las relaciones.
Una de las
causas importantes en la disfunción sexual es la sociocultural, el miedo y la
ansiedad a “fallar”. Tal como se ha dicho, existen multitud de prejuicios en
esta etapa en relación con la sexualidad, que inciden de manera directa o
indirecta en la respuesta sexual, pero al margen de esto, es importante señalar
que el potencial sexual existe toda la vida, aunque sí existen cambios en la
respuesta sexual tanto en el hombre como en la mujer.
¿Qué puede afectar la
vida sexual en la adultez?
- La salud física o mental: propios de la edad que modifican la forma de hacer las cosas o enfermedades que pueden limitar su capacidad de maniobra
- La falta de pareja o una actitud de oposición por parte de la pareja a mantener relaciones sexuales
- La monotonía de las relaciones, normalmente asociada a dificultades de comunicación sobre un tema “tabú”
- Ciertas actitudes negativas y productoras de ansiedad ante cambios fisiológicos normales: la disminución de estrógenos tras la menopausia en las mujeres conlleva una importante reducción de la lubricación vaginal que puede ocasionar dolor si no se utilizan lubricantes, o la ansiedad causada por la mayor dificultad del hombre para conseguir erecciones
- La aparición de actitudes inhibitorias asociadas al alejamiento de los cánones de belleza social y al sentimiento de no sentirse atractivos/as
- El más que probable estrés asociado a la pérdida de la pareja, al deterioro de la red social y del nivel socioeconómico, o los problemas de salud en la familia que afectan transitoriamente al interés sexual
¿El deseo
sexual desaparece con la edad?
Hombres y
mujeres sufren cambios fisiológicos que condicionan la práctica del sexo y la
sexualidad, pero el deseo sexual no desaparece y en muchas ocasiones
la pérdida del deseo se debe a ciertos factores psicológicos o
falsas creencias. Todas estas alteraciones tienen solución gracias a eficaces
tratamientos que ofrece la medicina actual, pero para disfrutar plenamente del
sexo se requiere sobre todo un cambio de mentalidad y aceptar los cambios
propios de la edad.
El apetito
sexual acompaña al ser humano hasta su muerte y muchos estudios demuestran que
la líbido no sólo permanece, sino que en algunos casos aumenta a lo largo de la
vida. Esto puede crear situaciones contradictorias entre lo que una persona de
edad avanzada desea y lo que puede realizar. Sí es verdad que con la edad se
producen ciertos cambios en la respuesta sexual que pueden afectar al placer.
Con un tratamiento asesorado estas dificultades se pueden disminuir.
¿Los problemas de
salud hacen que no pueda tener relaciones?
Los
problemas de salud pueden limitar, pero en la gran mayoría de los casos
ello no significa ser invalidante para llevar una vida sexual activa. Los
hallazgos indican que las personas mayores disminuyen la práctica sexual
orientada al coito y hacen más hincapié al placer, las caricias y formas de
sentir. En realidad, en cuanto a la vivencia de la sexualidad para los mayores,
se pierde con los años actividad sexual en términos de cantidad pero se gana en
calidad.
Es de esencial importancia, el
nivel de actividad sexual a lo largo de la vida. Cuando se ha llevado una
actividad frecuente y vigorosa en años anteriores, se mantendrá una sexualidad
activa en los años maduros.
También es de vital
importancia la reeducación. Una información adecuada de los cambios que se
producen en la vida sexual en la edad adulta es fundamental para gozar con
tranquilidad y bienestar de estos años, derrumbando así viejos mitos y
prejuicios que sólo infundan miedos y restricciones.
¿Cuentan las
emociones?
La sexualidad con frecuencia
implica un equilibrio delicado entre los aspectos emocionales y físicos. La
forma en que usted se siente puede afectar lo que es capaz de hacer.
¿Qué puedo hacer para
mejorar las relaciones afectivas?
- Hable abiertamente con su médico, o solicite consejería. Con frecuencia los profesionales de la salud pueden ayudarle.
- No se culpe a sí mismo de cualquier dificultad sexual que puedan tener usted y su pareja. Es posible que desee hablar con un terapista acerca de ello. Si en la pareja, el hombre tiene problemas de impotencia o la mujer parece estar menos interesada en el sexo, ni él ni ella deben suponer que para su respectiva pareja ya no tienen atractivo. Puede haber muchas causas físicas de sus problemas.
- Recuerde que el sexo no tiene que implicar necesariamente el acto sexual. Haga de su pareja la prioridad. Póngale atención a sus necesidades y deseos. Tómese el tiempo para entender los cambios que ambos están experimentando. Experimente. No se afane, puede ser que usted o su pareja necesiten dedicarle más tiempo al encuentro sexual.
- Para mantener una vida social activa asista a centros comerciales, inscríbase en grupos para la tercera edad, tome clases para adultos en una escuela de la comunidad o participe en paseos de un día, etc.
- Siga un estilo de vida saludable: haga ejercicio, mantenga una buena alimentación, beba suficiente cantidad de líquidos como agua o jugos, no fume y evite el alcohol. Procure reducir el estrés en su vida. Visite a su médico con regularidad. Y mantenga una visión positiva de la vida.
- Comparta los momentos más valiosos de la vida con su pareja y familia, sin renunciar por ello a tener su propio espacio o a hacer lo que más le guste.
- Dialogue con sus hijos y familiares si se siente solo. Puede apoyarse en los recursos institucionales y servicios sociales.
Envejecer
Hoy
Por Dra Graciela Moraschi- Medica Psiquiatra
A menudo comparamos la vejez de
hoy con la de ayer y decimos orgullosos. “Antes se era viejo a los 50, ahora
no.” Sin embargo, a mi entender la situación empeoró. Evidentemente antes la
expectativa de vida era más corta pero los ancianos tenían su lugar de
prestigio y hubo un tiempo en que se los escuchaba.
Cicerón decía : “El viejo no puede hacer lo que hace un joven, pero lo que hace es mejor”
Ahora no existe tal lugar.” La gente no llega a los 80 porque se queda
demasiados años en los 40.” decía Salvador Dalí. Y es cierto, nadie quiere
envejecer porque no hay un lugar social para los adultos mayores. Hoy, ser
joven no es una etapa es una obligación. Paradójicamente cada vez son menos los
jóvenes. Según los guarismos dentro de 25 años habrá más ancianos que niños, y
dentro de 50 años el 25% de la población tendrá más de 80 años.
Hay una actitud discriminante para el adulto mayor tanto cuando en las
noticias aclaran su condición de viejo: “Un anciano de 62 años fue asaltado”,
como cuando nos sorprendemos de alguna respuesta inteligente dada por un adulto
mayor como si lo único que se esperara de ellos son puerilidades: “Mirá que
inteligente lo que dijo.”
Los ancianos normales tienen los sentidos desgastados y sus respuestas son más lentas, pero no por eso tontas. A mí me gusta comparar el cerebro con un disco rígido. Cuanto más lleno está, más lento, pero la capacidad de relacionar es mayor, más completa y profunda.
Los ancianos normales tienen los sentidos desgastados y sus respuestas son más lentas, pero no por eso tontas. A mí me gusta comparar el cerebro con un disco rígido. Cuanto más lleno está, más lento, pero la capacidad de relacionar es mayor, más completa y profunda.
Es cierto que en la vejez una posible patología es la demencia senil,
pero es una enfermedad que no todos la tienen. No podemos generalizarla como si
fuera parte de la senectud.
Muchos artistas y filósofos hicieron sus obras siendo ya ancianos.
Cervantes escribió el Quijote después de los 50, que en su tiempo era una persona
mayor; y Emanuel Kant escribió su crítica a la razón en su octava década.
Es interesante revisar lo
que algunos sabios dijeron sobre el tema. Sófocles por ejemplo: “Los que en
realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo.” Y según mi
experiencia clínica le doy la razón. La juventud es tiempo de incertidumbres,
de lucha; el futuro exige y la competencia es cada día mayor. En cambio en la madurez
sólo hay presente, es el momento de poner en práctica todo lo que uno preparó
durante años.
“En la juventud
aprendemos y en la vejez entendemos” dijo Marie Eschembach.
El problema es que si no hacemos algo para devolverle a cada etapa su cualidad y calidad, terminaremos muertos antes de tiempo. No me refiero a la muerte física sino mental. Así como algunos tratamientos estéticos endurecen el rostro y le quitan espontaneidad, si nos quedamos congelados en los gustos y las maneras de los jóvenes no solo nos perderemos la novedad que la nueva etapa nos depara, sino que estaremos congelando nuestra psique. La vida es movimiento, cambio. No nos confundamos, hacer cosas de jóvenes no nos hace parecer jóvenes así como la cirugía no oculta los años. Los que se practican lifting mejoran el aspecto pero no modifican su condición. Se diría que hoy el aspecto de los adultos mayores tiene un nuevo rostro de mirada sorprendida, labios gruesos y cabellos rubios. No es que esté mal, en algunos casos embellecen, pero no rejuvenece a nadie.
El problema es que si no hacemos algo para devolverle a cada etapa su cualidad y calidad, terminaremos muertos antes de tiempo. No me refiero a la muerte física sino mental. Así como algunos tratamientos estéticos endurecen el rostro y le quitan espontaneidad, si nos quedamos congelados en los gustos y las maneras de los jóvenes no solo nos perderemos la novedad que la nueva etapa nos depara, sino que estaremos congelando nuestra psique. La vida es movimiento, cambio. No nos confundamos, hacer cosas de jóvenes no nos hace parecer jóvenes así como la cirugía no oculta los años. Los que se practican lifting mejoran el aspecto pero no modifican su condición. Se diría que hoy el aspecto de los adultos mayores tiene un nuevo rostro de mirada sorprendida, labios gruesos y cabellos rubios. No es que esté mal, en algunos casos embellecen, pero no rejuvenece a nadie.
Si seguimos instalados en el mismo lugar probablemente nos aburramos, la
vida es un desafío que deberíamos vivir hasta el final. El problema es que nos
hemos venido moviendo a partir de metas y creemos que con los nietos cumplimos
las últimas. Nos olvidamos que se crea en cada cosa que se emprende,
sorprendámonos con lo que somos capaces de hacer.
Antes decía que no había un lugar para el adulto y no me refiero a un
lugar para jubilados. Creo que para quienes no están en actividad son una
opción de estar con pares, pero no me parece que una persona por tener más de
60 deba ocupar un sitio especial y distinto. Creo que debería compartir el de
todos, ese que ayudó a crear durante años. No puede quedar excluido de su
propia obra. Tiene más tiempo, menos obligaciones, pero tanto o más intereses
que cuando no podía levantar su vista más allá de su trabajo.
Creo que en la medida que los adultos nos identifiquemos como tales sin
avergonzarnos de nuestra edad, podremos hacernos cargo de esta nueva etapa con
todos los recursos que tenemos.
La familia ha cambiado, las exigencias del mundo moderno hacen que cada
día haya menos posibilidades de absorber al adulto mayor , por eso son tan
importantes los pares. Algunos que se están atreviendo a hablar sobre el futuro
piensan en vivir en comunidades de amigos con algún servicio en común. Hay
muchas ideas lo importante es no hacerse el distraído, adueñarse del futuro
como lo han hecho siempre y decidir cómo seguir.
El dilema de quien va a cuidar de los
adultos mayores….
Buenos Aires (Argentina), 9 de mayo de
2014. “No
hay país que se salve de tener que resolver quién y cómo van a cuidar a sus
mayores”, aseguró la gerontóloga argentina Lía Daichman al
presentar el miércoles por la noche en la
Declaración de Río. Este documento, realizado por más de 40
especialistas de todo el mundo, constituye una herramienta clave para
establecer consensos acerca de cómo enfrentar el fenómeno de la longevidad.
Conformada por 20 puntos y un “llamado a la acción”, el
documento establece además como diagnóstico una “insuficiencia familiar” para el cuidado
y atención a los adultos mayores. Daichman, presidenta en Argentina de la ILC
(International Longevity Center) y parte del grupo de especialistas que redactó
la Declaración, aseguró que el modo de sostener y cuidar de los mayores “es una problemática que atraviesa
también a los países más ricos, porque tiene que ver con un fenómeno
relativamente nuevo, que es el envejecimiento poblacional”.
“Durante años en Europa el tema del cuidado
se solucionó con la institucionalización de los adultos mayores; la crisis económica
mundial impuso una revisión de esto, ahora se busca volver a la familia para
quien se trataba de un tema ya resuelto, en tanto en América Latina la
discusión pasa por cómo aliviar a las familias”,
sostuvo.
La Declaración de
Río,
que lleva por título “Más
allá de la prevención y el tratamiento: El desarrollo de una cultura del
cuidado en respuesta a la revolución de la longevidad”, surge
del Foro Internacional de Demografía, evento que tuvo los días 16 y 17 de
octubre de 2013 en Río de Janeiro, luego de tres jornadas de trabajo de
especialistas en gerontología de distintas disciplinas.
El cuidado fue el eje de la discusión
porque, según Daichman, “constituye
un agujero negro en la temática del envejecimiento” y si bien en
una primera mirada puede pensarse como un tema social, lo que subyace es
además, y fundamentalmente, un problema económico que, según la especialista, “las sociedades deben resolver ya”.
Según explica el documento, la relevancia
del cuidado se vincula a que
“si bien muchas personas mayores disfrutan de la vida activa, un número
creciente de ellas requerirá atención a sus discapacidades producidas por
enfermedades que no se pueden curar”.
“Las enfermedades crónicas son problemas de
salud de larga duración. La carga global de la enfermedad ha cambiado, pero los
sistemas de salud siguen centrándose en gran medida en la curación y no están
suficientemente orientados a facilitar la atención a todos los que lo
necesitan”, detalla la Declaración en el Preámbulo.
“Si bien esta palabra puede sonar muy dura
lo que buscamos es asemejarla a los términos que utilizamos desde la medicina
para pensar una solución. Muchas de las insuficiencias hoy son crónicas, esta
también, y para ello debemos dar respuestas desde ámbitos diferentes”, aseguró por su parte el geriatra José Ricardo Jauregui, quien
también participó en la redacción de la Declaración de Río.
Con la intención de hacer un “diagnóstico” y no de
cargar de valor ese concepto, la declaración define a esta “insuficiencia” como redes
familiares “cada vez más
pequeñas, más complejas y más dispersas geográficamente”.
“El planteo de una cultura del cuidado
tiene que ver con pensar justamente cómo garantizar un cuidado a largo plazo,
con prestar atención tanto en el mayor como en el cuidador y en cómo garantizar
que esto funcione más allá de los tratamientos médicos”, detalló Jauregui.
La declaración exhorta a los gobiernos,
organismos intergubernamentales, la sociedad civil y los sectores privados “a respetar, proteger y garantizar los
derechos humanos de las personas mayores”, así como a tener un
enfoque de cuidado basado en estos derechos y a asegurar que los servicios que
se ofrecen no sólo existan sino que sean “accesibles”.
Las mujeres están presente en dos de los
puntos de la declaración. Por un lado, exigiendo que se desarrollen políticas y
acciones de cuidado con visión de género. Por otro, alertando que “en la mayoría de los países las
mujeres viven más, están más solas y tienen mayor discapacidad”.
“Por otro lado
-continúa el documento- la
mayoría de las cuidadoras también son mujeres; muchas veces sin reconocimiento,
sin apoyo ni formación. Sus necesidades de cuidado requieren una atención muy
especial”.
23 de junio de 2015
El
desafio con nuestros
Adultos Mayores, cambiar el Paradigma.
Bajo la denominación “Envejecimiento: desafíos y
proyecciones” y ante una importante cantidad de público interesado, la Jornada
se llevó a cabo el viernes 1 de noviembre en el auditorio del Rectorado de la
UNVM. En la oportunidad, disertó el reconocido doctor en Psicología Ricardo
Iacub.
El investigador y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) repasó las transformaciones en la mirada en torno a los adultos mayores, sus principales problemáticas, la noción de empoderamiento y los desafíos que conlleva pensar en una nueva cultura del envejecimiento.
El investigador y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) repasó las transformaciones en la mirada en torno a los adultos mayores, sus principales problemáticas, la noción de empoderamiento y los desafíos que conlleva pensar en una nueva cultura del envejecimiento.
“Comprometernos hoy con nuestros adultos mayores es comprometernos con
nosotros mismos dentro de unos años”
Consideramos que uno de los mas
importantes desafíos de la sociedad actual es comenzar la concientización del
cambio del paradigma de nuestros adultos mayores.
En tal sentido, vemos que la población ve este estadio de vida como binomio
salud-enfermedad, negación y posicionamiento del adulto mayor desde un mirada
asociada a decrepitud, imposibilidad, limitación física y la consiguiente
negación del paso del tiempo.
Como reposicionar a nuestros adultos mayores si desde la cotidianeidad
tenemos una sociedad que rinde culto y enaltece la juventud como único baluarte
de vida posible. De alli, nuestra necesidad de
trabajar y educar en una visión más positiva y habilitadora de la
tercera edad.
Desde alli, se tiene que partir y
empezar a concientizarnos en la materialización de una vida suficiente, de
disfrute, con proyecto de vida y objetivos cotidianos, donde se acepte y ejerza
la defensa de sus derechos a ser titulares de una buena calidad de vida y estar
y bien – estar.
De ello, surge la necesidad de cambiar la actual nominación de esta
franja etarea, atento que solo nos remiten a la imagen, utilitaria, denigrante,
humillante, discriminadora, limitante, invalidante, incapacitante , que resta e impacta en su subjetividad y lo
NOMINA como: el viejo, el nono, el
abuelo, el gerente, es sexagenario, etc, etc..
Si bien cambiar la nominación no
es suficiente, para empezar este cambio de paradigma , es importante
transformar nuestra forma de pensar a nuestros Viejos. Ya nadie quiere
envejecer, pues el mensaje es, descartable, excluido, carga para la familia…,
cuestiones que hacen mella en su
autoestima , dando lugar a un paradigma del viejo como objeto de derecho y no sujeto titular y participe de
su vida presente y futura.
Transitar la vejez, implica, reconocer, generar y sostener espacios para
el Adulto Mayor, desde los cuales se
articule un espacio vital :
·
Con expectativas de vida,
·
Con proyectos,
·
Sin prejuicios, estigmatización
·
Con respeto de sus tiempo,
·
Con sexualidad,
·
Con amor,
·
Con familia ampliada
·
Con educacion
·
Con cuidados, si los necesita,
·
Con un Estado responsable
·
Con practicas sociales, culturales y educativas inclusivas
·
Con políticas publicas que los tengan como protagonistas y no objetos
destinatarios de las mismas
Desde la ampliación , reconocimiento y nuevos derechos de los sujetos,
el empoderamiento implica, crear,
mantener y acceder a la capacidad del
sujeto , con un marco normativo que lo contemple y le reconozca su status como
individuo que sabe lo que quiere, necesita y busca.
Tal vez el gran desafío es pensarnos como Adultos Mayores….Trabajemos en
la construcción de una sociedad que en el futuro tendrá mas sujetos mayores, asi como una cultura del
adulto desde la vision que contempla la
Gerontologia, es decir, mas alla de la Geriatria.
Dra Maria de Fatima Germano
[1]
..SOCIEDAD
El Eco de Sunchales | Sábado 21 de junio de 2014
CÓMO TRATAMOS A NUESTROS ABUELOS
UNA REALIDAD QUE RECONOCEMOS PERO DE LA CUAL NO NOS HACEMOS
CARGO
Maltrato y abuso a la
vejez argentina
Se sostiene como ideal que todos deberíamos llegar a la
etapa adulta de nuestras vidas tranquilos, viviendo dignamente, disfrutando de
los últimos años y con el merecido descanso después de haber trabajado durante
décadas. Corresponde que los abuelos estén rodeados del cariño de la familia a
la cuál criaron y dieron sustento. Se presume que nuestros "viejos" deben
ser contenidos y cuidados. Sin embargo el escenario no es el imaginario. La
realidad -muchas veces oculta- nos muestra otro panorama. El maltrato a los
adultos mayores existe y se manifiesta en diferentes planos, físico,
psicológico, económico y emocional, llegando en muchos casos al abandono, la
desnutrición, deshidratación e inclusive a negarles los medicamentos. Un
informe realizado por TNS Gallup muestra que los argentinos reconocemos el
problema en nuestra sociedad y lo consideramos importante, sin embargo no nos involucramos
en el mismo y reclamamos más políticas de protección a la vejez. Los resultados
del informe y la opinión un especialista.
La Declaración Universal de Derechos Humanos (1948)
establece la igualdad y la prohibición de discriminación por cualquier
condición, el derecho a la seguridad social y a condiciones de vida adecuadas, los
que son aplicables por extensión a las personas mayores y de gran importancia ara
el desarrollo de las libertades en la vejez.
A su vez, la 2ª. Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, a
través de su Plan de Acción Mundial (abril, 2002) plantea objetivos
relacionados con la eliminación de toda forma de maltrato hacia los adultos
mayores. Lo ubica en el contexto de los Derechos Humanos Universales y como una
responsabilidad de toda la sociedad.
Existen estas normativas en el orden mundial, continental y
nacional. Pero la problemática persiste y se invade la dignidad de los ancianos
más comúnmente de lo que se cree. Con el objetivo de ayudar a desarrollar e
implementar estrategias orientadas a modificar conductas en la ciudadanía que
son, por lo general, complejas y bien afianzadas, la consultora TNS Gallup
desarrolló, junto al Consejo Publicitario Argentino, un sondeo en todo el país
que refleja la percepción de los argentinos en relación a esta triste
situación.
Las principales conclusiones del estudio muestran que «casi
toda la población (88%), sin importar la edad, reconoce que los adultos mayores
son un sector vulnerable a sufrir abusos o maltratos por parte de la sociedad».
Al mismo tiempo «esa percepción es más marcada entre los sectores altos y en el
interior del país».
El Doctor Hugo Valderrama es médico geriatra y gerontólogo y
aclara que «cuando se analiza este tema, tenemos que hablar de abusos y malos
tratos, ese es el término específico o correcto. Porque maltrato implica una
cuestión más agresiva –física o psicológica-. El abuso empieza primero como el
avance sobre una determinada persona y después puede llegarse a los excesos.
Asimismo, es de destacar que aquí dejamos de lado lo delictivo, no estamos midiendo
que entraron a robarle a un anciano y le pegaron, se trata de todo lo vinculado
con algún tipo de servicio dado por la familia, cuidadores profesionales,
instituciones de salud o geriátricos; es decir estas observaciones se hacen específicamente
en base a todos aquellos que tienen vínculos con el mayor».
El Doctor Hugo Valderrama es médico geriatra y gerontólogo y
aclara que «cuando se analiza este tema, tenemos que hablar de abusos y malos
tratos, ese es el término específico o correcto». ginan los agravios, el
especialista explica que en «la mayoría de los casos se producen en el hogar,
es decir de parte de quienes conviven con la persona. Esto ocurre en todo el
mundo, no solo en Argentina y se da más en los domicilios porque es donde menos
se ve el problema, en cambio en las instituciones (donde últimamente la
colocación de cámaras ha ayudado a disminuir los abusos) hay gente que circula,
que mira, comenta y es más fácil ser detectado».
Los malos tratos y sus consecuencias. Son muchas las formas
en que se desprecia a la vejez: con falta de respeto, con violación de sus derechos,
con extorsiones, castigos, etc. Las consecuencias en la salud física y mental
se hacen evidentes y termina siendo la principal causa de aislamiento. El
Profesor Valderrama, Director de la Licenciatura en Gerontología de la
Universidad Católica de Santa Fe, considera que podría elaborarse una larga
lista:
•El primer maltratador de los viejos es el o los gobiernos:
Porque a ninguna persona se le puede pagar una jubilación ínfima y pretender que
con eso pueda comer. Si cobran la tercera parte del valor de la canasta básica
familiar, es un genocidio en cómodas cuotas. Todos dicen ´pobre viejo´, pero acá
el pobre viejo no come si no hay detrás alguien que ponga plata. Yo diría que
es gubernamental y no estatal porque hay variantes en los gobiernos que vamos
teniendo, algunos desprecian más, otros menos. Esto lo veo a diario en el consultorio,
los ancianos se quejan constantemente.
•Maltrato físico.
•Psicológico: Si te portás mal o no hacés lo que digo, esta
noche no te doy de comer. Además, muchas veces suelen menoscabarlos diciéndoles
¨viejo arrugado, feo». Son cosas que escucho a diario y lamentablemente, todo
lo que pueda imaginarse para una película de terror, está presente en la
realidad.
•Hay excesos que se transforman en un problema nutricional: Porque
no los alimentan o con la hidratación, porque les niegan la bebida.
•Farmacológico: les dan pastillas y los duermen. Esto, si
bien ´se ve´ mucho en las instituciones, pasa en los domicilios más que en los
geriátricos.
•Abandono: sabiendo que no pueden bañarse, los dejan sin
aseo. Cuántas veces uno se da cuenta de que el viejo está sucio y no de un día,
sino de semanas o meses.
•Económico: avanzan sobre la plata del anciano. Es una de
las formas de abuso más frecuente. Lo sabemos pero ¿qué hacemos?
El sondeo de TNS muestra que 9 de cada 10 argentinos
considera que se trata de un problema importante en nuestra sociedad aunque nos
mostramos poco involucrados. Solo 1 de cada 10 entrevistados conoce algún
programa de información y prevención.
El especialista en Geriatría sostiene que «se hace poco en
el país.
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